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CUMBRE MUNDIAL ACADÉMICA E INSTITUCIONAL

Conferencia ennellAuditorioodeilCongresooNacional

«ESTRATEGI PAR LA  CONVIVENCI EN PA

Grl. Heriberto Justo Auel

1.Análisis y puntualización del tema solicitado.

El análisis del tema que se me ha solicitado nos lleva a reflexionar acerca de la elaboración de una estrategia »arte de resolución de los conflictos»- que permita la convivencia -de la diversidad humana- en paz, en la presente globalización –la primera, en la historia universal, de carácter planetario- Explicitado el tema con mayor detalle, vayamos ahora a la puntualización de cada uno de sus términos.

Una estrategia exige la existencia previa de uno o s objetivos. Si este o estos están determinados, la operación estratégica consecuente nos debe llevar al logro del fin planteado, a través de una maniobra estratégica integral.

Ésta última -por su naturaleza- eludirá, enfrentará y/o superará al conflicto originado por las voluntades en oposición, resolviéndolo o no.  Se obtendría así el objetivo impuesto, si hubiere victoria: ella, en nuestro caso, sería alcanzar la convivencia en paz. Convivir es cohabitar -en el mundo globalizado de hoy, en el que «todos somos vecinos»-. Hacerlo en paz exige alcanzar entre los pueblos armonía, sinergia y pública tranquilidad. Este es el estadio contrario al de la guerra.

La guerra es el fenómeno socio-político –»el s tremendo que puede vivir la humanidad»- que hasta hoy el hombre no ha podido evitar -como hecho de fuerza-. Howard ha dicho recientemente que la paz es un «invento moderno», pero que la guerra en cambio nos acompaña desde que el hombre habita nuestro planeta. ¿Qué ha querido significar con esa afirmación?

El conflicto es connatural con el ser humano. El hombre no es un ángel. En donde hay acción humana, naturalmente hay conflictos. No hay que temerles. Hay que preverlos y resolverlos con lucidez, idoneidad y razonabilidad. Para ello es necesario contar con una estrategia, eliminar la incertidumbre y lograr los instrumentos necesarios. Cuando el conflicto socio-político ingresa a la lúdica etapa del empleo de  fuerza, estamos en presencia de la guerra, siempre agonal, ya fuere interna o internacional.  
La guerra es el fracaso de la Política Exterior, de Defensa y por sobre todo es el fracaso del Estado Nacional, cuya misión primaria es retener la paz interna y/o internacional. Es decir: el Estado Institucional debe lograr el imperio de la seguridad  nacional ,  en  su  doble vertiente: estratégica y pública – actualmente unificadas.-

Con el avance de las civilizaciones –que incluyen a la Gran Política y a la Gran Estrategia- y en particular después de las últimas grandes guerras mundiales, -doce en los últimos cinco siglos- la humanidad, estremecida por la muerte de millones de inocentes fue «regulando» o «humanizando» la recurrencia constante a la fuerza o a la violencia. A la guerra. Surgieron a lo largo de los años los Organismos Internacionales y las Convenciones, que intentan domesticar o contener al horror de la guerra. Convencionalmente se la «burocratizó». Progresivamente se la circunscribió, encerrándola   en   los   teatros   de operaciones militares, donde operaban los profesionales del empleo de la fuerza. Los «caballeros de la guerra».

Sin embargo, ese lento avance se ha detenido. Es más: se ha retrocedido. En un corto lapso de décadas regresamos a las formas s primitivas de la agresión violenta: al terrorismo y a la insurgencia revolucionaria. Las guerras «híbridas», las «de cuarta o quinta generación» o las de la «tercera especie», saltaron el cerco de los teatros de operaciones militares y hoy se desarrollan sobre las sociedades, en particular sobre las grandes concentraciones urbanas. En ellas, las numerosas bajas no llevan uniformes.

Cuando a fines de la Segunda Guerra Civil Europea (1939/1945) se lanzaron las bombas nucleares en Japón, se produjo una inesperada expansión cualitativa del espectro del conflicto. En uno  de  sus  extremos  apareció  la probabilidad de la hecatombe mundial, química-bacteriológica-nuclear –QBN-. En el opuesto, las formas más primitivas y morbosas del ejercicio de la violencia. En el hemisferio nuclearizado, durante la guerra fría -1947 / 1989-1991- operó eficientemente        la estrategia de la disuasión: la del terror nuclear. Hubo paz en el Hemisferio Norte. En el Hemisferio Sur, desnuclearizado, se desarrollaron inéditas y sorpresivas guerras limitadas y muy limitadas. Los argentinos tuvimos la triste experiencia de vivir ambas y somatizamos           actualmente    dos posguerras. Aun no las hemos digerido y menos aun asimilado.

Desde el 11S01 estamos inmersos en una nueva guerra mundial, -»contra el terrorismo global»- totalmente diferente a la última –la guerra fría- pues, desarrollándose también en ambiente QBN, la presente abarca al planeta y la disuasión ahora no es operativa. Está de regreso la estrategia de la acción. El riesgo estratégico es exponencial – con referencia al de la guerra fría- y más aun para las comunidades que viven en la irresponsabilidad socio-política de permanecer en total inseguridad e indefensión nacional, de espaldas a una acelerada circunstancia internacional muy compleja, de difícil resolución y globalmente presente.

Esa circunstancia tiene en su «in-put» el pasaje de la civilización industrial a la posindustrial y -como lo señala Gastón Boutoul en su magnífico tratado sobre «La Guerra»-   estamos viviendo la condigna guerra mundial que alumbra a una   nueva   etapa   civilizatoria:  la «civilización del conocimiento». Hay una «nueva forma de producir y una nueva forma de hacer la guerra».

Desarrollados    estos   brevísimos conceptos, cabe preguntarnos: ¿Es posible pensar, en el 2009, desde éste lejano Occidente Sur en dramática decadencia, elaborar «una estrategia para la convivencia en paz»?.

Nuestra respuesta es totalmente afirmativa. Es posible -es un deber cívico ineludible- a condición de que contáramos con un núcleo de dirigentes dispuestos a contener nuestra auto- destrucción, recuperar la cultura fundacional, consolidar la Nación y recuperar    al    Estado    Nacional. Compartimos, en ese sentido, los ideales planteados por la entidad que nos convoca.

No procurar y sostener la Seguridad Nacional, es olvidar al precepto central de la Constitución Nacional. Sería demostrar alta perversidad espiritual, propia de una dirigencia extraviada.

2. Consideraciones generales para viabilizar un
estrategi
internacional «para  la convivencia en paz»
.

En la presente guerra mundial contra el terrorismo global, -que transcurre en su octavo año- está en riesgo la sobrevivencia de la cultura y de la civilización Occidental-Cristiana. Y en nuestra región, además, la sobrevivencia del Estado Institucional. El actual riesgo estratégico -más peligroso y probable- de nuestro querido país y de la mayoría de los países iberoamericanos, es el acelerado encaminamiento al «estado fallido».

Como lo señalara reiteradamente Dante Alighieri en «La Divina Comedia», cuando en los dirigentes hay confusión, sobreviene el deterioro de las culturas y la consecuente decadencia de las naciones. Oswald Spengler lo señaló también, a principios del siglo XX, en «La Decadencia de Occidente». Ambos hacen referencia a la «confusión conceptual».

Luego de sus guerras civiles, Europa ingresó a una etapa de grave confusión filosófica. Acentuó su crisis de identidad. Relativizó sus valores y principios y en términos del Cardenal Ratzinger, «se odia a sí misma» y «permanece inerte, con el alma marchita». Los pensadores europeos confundieron cultura con civilización.

  La cultura es la identidad: no cambia. La civilización es el progreso, que en los últimos años evoluciona aceleradamente. Algunos de nuestros confundidos intelectuales y políticos impulsaron «modernizar» los valores y principios y, consecuentemente, perdimos la idea de pertenencia,  las virtudes sociales y la ética en la vida política. Sobreviene, como consecuencia inexorable la crisis económica.

  La UE, transculturizada, es hoy una grieta en el casco de Occidente. Ha quebrado el «Atlantismo» -la antigua alianza que prevaleció en las tres últimas guerras mundiales- cuando debemos enfrentar, en los 2000, una guerra mundial peligrosísima.

  En estos días, en Madrid, Lourdes López Nieto ha escrito: «El relativismo europeo, o lo que es igual, la batalla cultural contra la Civilización Occidental, se manifiesta en la indefinición y contradicciones de muchas de sus directivas, votaciones o pronunciamientos, como  por la inhibición en otros casos».

  Es conveniente aclarar aquí que el sentido filosófico  que  se  le  da  al  término «relativismo» -de los valores- es el siguiente: «doctrina según la cual la realidad carece de sustrato  permanente». Entonces, si «nada es verdad», como reza el nihilismo que desborda en las universidades europeas, el «ser» europeo se debilita y pierde trascendencia y espiritualidad. Si Europa no se reconoce a sí misma y no se identifica con sus valores tradicionales, deja de ser confiable, por carencia de ética política. Su peso específico en el ámbito de la política internacional, es pobre y su actitud, contractiva.

La    Europa    tolerante,     laica     y antropocéntrica, muy cerca de Venus y muy alejada de Marte, ha pensado solo en el bienestar, abandonando el bienvivir. Ha dejado de ser el meridiano central de la cultura Occidental, siendo su cuna.

El Grupo Español de Estudios Estratégicos lo acaba de expresar con toda claridad: «Lo esencial en la vida, los sucesos elementales relativos al nacimiento, la muerte, la educación de los hijos, la realización personal de la vocación, el trato con la adversidad, las relaciones con los demás, se cumplen dentro de cuatro instituciones: la familia, la comunidad, la vocación y la fe. Desde esta perspectiva, una política sana es la que garantiza la vitalidad de estas instituciones .  El  modelo  social  europeo ha fracasado en cada una de ellas».

  Éste es el espejo en el que se ha mirado Ibero América en las últimas décadas, como ya lo hiciera en el pasado, pues ha sido colonizada y culturizada desde el «Cristianismo Latino», como América del Norte lo hizo desde el «Cristianismo Germánico».

  Sin embargo, las crisis acumuladas por la nonata UE están produciendo un giro socio-político de recuperación, a partir de los años 2000, que también puede vislumbrarse podría ocurrir en Ibero América, a partir del 2010, en un momento en el que EE.UU. –con el partido demócrata- repite otro ciclo de retroceso en su rol de «república imperial», cuya consecuencia es la ansiedad internacional de cara al futuro.


3.  El equilibrio de poder, como clave de la «convivencia en paz».

  Oscar Elía, en «Aron y Clausewitz; Clausewitz y Aron», interrelaciona a estos máximos  referentes intelectuales de Occidente -en los siglos XIX y XX- en el campo de la reflexión político- estratégica y rescata su triple afinidad «intelectual», «vital» y «de moderación», subrayando la «prudencia política» que los caracterizara.

  Ambos  rescatan  en  sus  obras  la «reivindicación de la moral en la acción y el juicio estratégico» además de «la relación de la guerra con la política». Aron y Clausewitz «se mueven en una determinada concepción de la política, realista en el mejor sentido del término». Pertenecen a la tradición del equilibrio de poder para retener «la convivencia en paz».

  Aron, en sus obras póstumas rescatará, para el pensamiento liberal, la idea fundamental que subyace en la obra de Clausewitz: la guerra como instrumento no necesario de la política y ésta como relación no siempre violenta entre Estados. Ergo, la «convivencia en paz» es posible para estos brillantes pensadores, a condición de sostener, con moderada prudencia, cierto equilibrio de poder: el posible.

Cuando en la naturaleza reina la armonía de un tiempo apacible, luminoso y agradable, es porque los ciclones y anticiclones de la región permanecen en equilibrio. Cuando esa sinergia equivalente se quiebra, llegan las tormentas, los vendavales y los desastres naturales.      
En  las relaciones internacionales o nacionales, no siempre lo
s pensadores, filósofos, politólogos y/ o estrategas teóricos orientaron sus doctrinas en el sentido del equilibrio armónico. En la mayoría de los casos buscaron ganar el poder o aumentarlo, en desmedro de la «convivencia en paz». La doctrina Mac Kinder –fundada en «El Pivote Geográfico de la Historia»- buscaba el control del mundo a través del dominio de la «isla mundial». Su consecuente «Corolario Spykman», tuvo como finalidad la retención del poder a través del dominio de la «tierra orilla». Ambas doctrinas impulsaron sucesivas guerras mundiales en el siglo XX.

Contemporáneamente con dichas doctrinas, el capitán bávaro Karl Haushofer presentaba su famosa tesis: «El Océano Político», en la Universidad de Munich. A diferencia de las anteriores, -apoyadas en «glasis»  geográficos- ponía el acento en el equilibrio de poder entre el «mundo marítimo» y «Asia + . Lord Kitchener, desde Londres, compartía con el alemán esta idea, pero no fueron escuchados. Ambos soldados morirían, años s tarde, como consecuencia de las guerras que habían anticipado y que intentaron evitar.

  El meridiano del poder -de las sucesivas civilizaciones-         se        desplazó continuadamente, a lo largo de los siglos, desde el Este –donde se localizan las más antiguas culturas- hacia el Oeste. Terminada la guerra fría -1991- y su breve posguerra -1991/2001-, aparecen fuertes indicios de que dicho meridiano imperial está encaminado a desplazarse hacia el Pacífico –el «Océano Político» de  Haushofer-,  para  aposentarse nuevamente en el Este, sobre las más antiguas culturas, probablemente en las últimas décadas del siglo XXI.

Frente a esa probable alternativa y en consideración de las experiencias dramáticas de las guerras mundiales del siglo XX, es lícito, prudente y razonable intentar la búsqueda del «equilibrio de poder», -para lograrl la «convivencia en paz»-homologando la tesis de Haushofer -que fuera ignorada en las tres últimas guerras mundiales- teniendo en cuenta las grandes diferencias y la compleja situación de nuestro tiempo -de «historia acelerada»-, si la comparamos con el pasado, aun reciente.

El bloque continental euroasiático está culturalmente dividido entre países occidentales y orientales, europeos y asiáticos. La línea de borde no es geográfica, sino cultural. Ésta es la razón de la importancia, para Occidente, y en particular para Ibero América-, de la necesaria y rápida recuperación identitaria europea.

Eurasia conforma actualmente el bloque s dinámico y poblado del mundo. Tiene el 75% de la población mundial, el 60% del PNB y el 75% de los recursos energéticos. Sin duda, es el «supercontinente». Además, tres de los cuatro países emergentes –los BRIC- en los 2000, están allí.

  Sin embargo, EE.UU. continúa siendo hoy la única superpotencia militar y la economía s fuerte, si bien no la más grande del mundo. En América reposa hoy el meridiano de la «etapa de la civilización del conocimiento»,  gracias al nivel innovador científico-tecnológico alcanzado por Occidente, mientras que los grandes gigantes asiáticos recién retomaron el camino del desarrollo después del fin de la guerra fría y de varios siglos sabáticos. La potencialidad asiática es grande y por ello es necesario pensar sin demoras en el equilibrio de poder, entre el desarrollo cualitativo y el cuantitativo, entre el mundo «interoceánico» y el «continental- terrestre».

Coyunturalmente podrá explotarse la actitud «conciliadora» de Obama con el concepto del  «mundo armonioso» que plantea Hu Jintao, pero no hay que olvidar que China no es Japón. No viene de derrotas, ni busca la protección de un fuerte aliado. Sumemos a esta perspectiva a la guerra mundial en acto, que exige la solidaridad global de los Estados –aun no lograda- frente a un enemigo anómico, no disuadible y parcialmente sin Estado. Hay que agregar, a éstas características inéditas, la fuerte incidencia de la crisis financiera y económica global que se ha desatado en el 2008 –desde EE.UU- y que tampoco encontrará solución sin cooperación global. Las asimetrías deben equilibrarse, en medio de estas fuertes crisis, orientando con tino el difícil reordenamiento geopolítico posguerra fría –el llamado NOI-, en lento desarrollo. Las ideas geoestratégicas de Brzezinski fracasaron con la Comisión Trilateral y con el gobierno Carter. Ahora Brzezinski ha regresado a Washington, como asesor del presidente Obama. Está planteando «el grupo de dos, -EEUU-China- que podría cambiar el mundo», -opción que no tiene encaminamiento en los hechos- , como tampoco la tuvo frente a Breznev, en el pasado, cuando le ofreció «un socialismo diversificado».

Este tipo de actitudes diplomáticas debería conta r, además,     con una decisión post-imperial en Moscú, que no se está evidenciando. Contrariamente,

las reiteradas crisis energéticas de Ucrania, Bielorrusia y Europa Oriental, están demostrando la vitalidad de la antigua propuesta de Eugeny Primakov: el eje Moscú, Pekín, Nueva Delhi, ahora en manos de antiguos funcionarios de la KGV, que ocupan el poder en Moscú.

4. Estrategia para la convivencia en paz.

El Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires –IEEBA- viene proponiendo hace décadas un Acuerdo de Seguridad Colectiva y Defensa Común en Ibero América, que permitiría darle sólidos cimientos a la integración regional. Las circunstancias políticas que vivimos desde el año 2000, nos han ido alejando cada vez s de esa probabilidad.

  El subcontinente ha ingresado, por vía electoral, a un extemporáneo proceso dedescomposición revolucionario que nos itroduce, encubiertamente, en el difuso ámbito de la actual guerra mundial, cuyo     epicentro      se      localiza, momentáneamente, en el bajo vientre euroasiático, con metástasis global.

Como oportunamente ya lo señaláramos s arriba, la UE –nuestro espejo- está reaccionando en los últimos años en busca de la recuperación de su identidad «relativizada». En Ibero América existen fuertes indicios de superación de la «regresión     revolucionaria»     que padecemos, en importantes países de la región, a partir del próximo año. Se abriría así una gran oportunidad para alcanzar la sana integración iberoamericana, concurrente con la recuperación de la cultura Occidental en ésta, «su reserva cristina joven», como nos lo transmitió SS Juan Pablo II desde Brasil, poco tiempo antes de su muerte. Esta probabilidad de recuperación moral -socio-política- valorizaría  nuestro espacio  estratégico         regional ,  en particular en su frente marítimo, si se intentara el equilibrio de poder globalizado y con él «la convivencia en paz».

Permitiría cerrar la actual brecha iberoamericana, abierta en la amplia media luna geográfica que, partiendo desde el Este de la OTAN ampliada, avanza hacia América del Norte, baja al Caribe y Sud América, desplazándose hacia Australia y Nueva Zelanda, para cerrar el cerco en Japón. Ese enorme «arco interoceánico posindustrial» contendría el control estratégico naval del Atlántico, del Índico y del Pacífico, equilibrando la concentración cultural, demográfica y de recursos naturales de la masa continental asiática, en acelerado progreso industrial.

Ésta posibilidad-probable  exige  la recuperación iberoamericana actualmente la región está ideológicamente dividida y políticamente paralizada en su proceso de integración- y en ella la Argentina puede jugar un papel central, por múltiples razones. Alemania tendría un rol específico, en ésta maniobra, a través de su histórica relación con el Este –particularmente con Rusia-. La Argentina «recuperada» – como país extra OTAN- lo haría en Ibero América –en la relación con EE.UU y la UE- y Japón –los «chinos del mar», en Oriente, con la masa asiática continental- toda vez que el Imperio del Sol retiene su fuerte identidad cultural y se ha desarrollado como potencia financiera y tecnológica, adoptando la civilización y la alianza occidental.

En síntesis:
a. La «convivencia en paz» es posible y probable dentro de nuestra comunidad nacional y en las relaciones comunitarias internacionales globales, si se cumplieran ciertas condiciones inexorables, enunciadas en éste trabajo.

b. Una  estrategia  global  para  alcanzarla puede ser la del equilibrio de poder entre la masa continental asiática y el mundo interoceánico. -Siempre y cuando Occidente evolucionara positivamente en su recuperación cultural..

c. Tengamos muy presente que la paz nunca fue ni será un estadio gratuito. Debe ser ganada desde el equilibrio de poder, la idoneidad, la prudencia y la lucidez  de  los liderazgos  y siempre que se retenga la solidez moral de una cultura fuerte y expansiva. «Si quieres la paz, prevé la guerra».

d. La clave de de la recuperación de nuestra «convivencia en paz» está en el restablecimiento de nuestra cultura fundacional, en la recuperación institucional de la república, en la determinación de nuestro destino y en la comprensión de la compleja circunstancia global en el siglo XXI.